lunes, 30 de enero de 2012

Quiero que lo sepas... un día Osvaldo no vendría mal.


Lunes… lunes lunes. Lunes.

Son insufribles, son tediosos, dolorosos y largos como tortura china. Son como el tema “Friday” de Rebecca Black. Así de desgastadores, de fastidiosos.

Hoy fue una paja levantarse. Posta, me fui a dormir con una lluvia afuera, la cual es un placer grande dado que estás adentro tapadito y afuera escuchás como llueve. El problema fue a las 7.30, levantarse con una alarma que resulta más fastidiosa que tener a 2 cotorras teniendo sexo delante de un megáfono. Ducha para levantar de un golpe a las neuronas, desayuno, etc.

Los lunes siempre son odiados, SIEMPRE. Desde la escuela primaria que los lunes significaban el regreso a clases, volver a delantal, al uniforme, al cuaderno, a la lápicera, a estudiar, a madrugar, etc. Ahora uno más grande es volver al trabajo, a que te apreten en el bondi/subte, a que te quieran punguear, a tu jefe que como la última concha que vio fue la de una estación Shell, decide empernarte a vos con el sueldo y tu evaluación de desempeño. Volver a los nervios, el hacer cuentas, etc.

El tema que quiero tratar hoy es uno puntual, que es el viaje en bondi. El bondi es lo más lunes que hay, pero por excelencia. Este fiel escritor, este pelotudo del orto, se divierte viendo a la gente en el bondi. En el bondi tenés todos los ánimos de los lunes, pero todos los días de la semana a toda hora. Tenés todo tipo de gente. Viejas, laburantes, pendejos, estudiantes, amigos de lo ajeno, las sanguijuelas que van a los chupones, canas, chicas, etc. ¿Qué es lo que reina como común denominador? El mal humor.

Las viejas, putean porque nadie les cede el asiento. Aunque hay que cederlo, rompe las pelotas cuando uno sentado al fondo, comenzando el día y jornada laboral, en tu mundo con tu música, te pegan con la bolsa de chucherías y cara de “debés cederme el asiento” aunque delante de todo hay 2 muchachos haciéndose los dormidos. Los laburantes, porque la ducha que te pegaste a la mañana duró menos que Diana Conti en una whiskería y llegás con olor a chivo, apretado, la ropa arrugada y agradecé si no te agarra un piquete. Los pendejos, putean porque les privan su libertad de escuchar música por el altavoz del celular, porque la gente no se corre pero no saben decir un “permiso, por favor”. Los amigos de lo ajeno, porque es un despelote y viaja un rati. Más que la vieja que se fue al fondo a buscar asiento lo mira mal, como esperando a que se mande el moco. Las sanguijuelas, por no tener suficiente espacio para apretarse más, porque los miran mal mientras se escuchan los “muack” y el ruido a sopapa despegada. Los canas porque ligaron viaje gratis, pero si se arma el tole tole con el chorro que está al fondo y que la vieja está fichando, tiene que entrar a cumplir con su deber. Las mujeres, sumando lo del laburante, la apoyada y tocada de orto disimulada y no tan disimulada.Y el chofer del bondi, puteándose con los tacheros. Esa eterna pelea a ver quién la tiene más larga, si el tachero que se cree que tiene un bondi o el bondi que se cree que tiene un 147 y puede mandarse por todos lados. Si, pareciera que tienen complejos de tamaño.

Todo esto es muy lunes, ¿por qué? Porque los viajes en bondi al trabajo son insufribles, tediosos, dolorosos (una vieja con el codo en la espalda duele) y largos como tortura china. Son desgastadores y fastidian a cualquiera.

10-4.

JC.

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